Tierras altas de Mato Grosso

Tierras altas de Mato Grosso
Autor: Armando Salgado

Tierras altas de Mato Grosso de Armando Salgado: Atlas de paisajes íntimos y diaporama de escenarios de la historia y sus expoliaciones, barómetro de palabras hechas para medir atmósferas presentes, pasadas, prehistóricas, acaso futuras: entre México y Turquía, Constantinopla, Armenia, Grecia y las tundra’s urbanas de Manhattan, Usamérica y Europa, Asia, China, galería de retratos de personas amadas o presentidas, instantáneas de la experiencia desgarradora del saber escribir en un mundo de sordos y ciegos, libro de viajes en el espacio y en el tiempo, bitácora de formas sintácticas, articuladas entre la poesía y la guerra, la geología y la experiencia, de las viejas tribus sin maíz. Poesía en diálogo con su tiempo y abierta al diario acontecer, testimonio y constancia de un haz de lecturas que van de William Carlos Williams, a Joseph Brodsky, Alessandro Baricco, Aldous Huxley, Antonio Cisneros, Gao Xingjian, Enriqueta Ochoa, entre muchos otros. Ojo: el poeta sabe describir personajes y mirarlos a los ojos, llamarlos por los nombres secretos de su figura de arcilla. Tribu de hormigas, también enjambre de luciérnagas, ‘’Matriz del relámpago’’. Cuidado: el poeta te mira desde los paisajes que arma y finge, que respiran a través de él. LSD. Los ojos del poeta saben entonar salmos por los genocidios (Armenia, 1915) y exterminios, los asedios, la guerra, la desolación y lo inconcebible sin perder el equilibrio que le permite nombrar. Simpatía y compasión a través del tiempo y del espacio. Mapa hecho de brújulas, cofre de guías para que el sobreviviente no olvide cómo se respira en silencio y desde el silencio... Y ante todo, la escritura del poema. En Tierras altas de Mato Grosso el tamaño de la esperanza cubre la tierra. “Esto de vivir en un pequeño corazón no es bueno para la salud”. El poeta aspira un aire titánico, el poeta no trabaja aquí como el historiador sobre la lava hecha piedra de los documentos congelados. Pone las manos en el fuego y habla de la devastación y el genocidio, pero, al hacerlo, no puede ¶dejar de pronunciar las palabras del amor.

Adolfo Castañón

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